PLAZA DEL OBRADOIRO
Gigantes de fe, erguidas sobre la plaza, las torres del Obradoiro semejan inmensas custodias de orfebrería o agudas montañas labradas de fino encaje. Al contemplarlas de noche, orgullosamente verticales sobre los dormidos tejados de la urbe, vivimos la emoción de los peregrinos: finalizó su amargo caminar. Los apuntados remates de las torres parecen fundirse con las más brillantes estrellas del celestial "Camino de Santiago"