PAZO DE RAXOI
La lluvia, aún mansa en las rúas, es dura e implacable en la Plaza del Obradoiro, de abiertos horizontes y sin el acogedor resguardo de los soportales. El Pazo de Raxoi, armonioso de formas, se recorta oscuro en el brillo dorado de la tarde. Las gentes, presurosas, no se paran a admirar esta hermosura.