EN LAS CLARISAS
Es, casi, clausura. Sólo cuatro veces al mes se abre este rincón de paz. Frío, sol y cielo claro en esta mañana luminosa. Hay algo especial en el aire y en la quietud y silencio de este recinto. Aromas de flores hasta las más humildes, y cantos de las aves que aquí tienen su refugio, perfuman y acompañan al del incienso y los repetidos rezos de las clarisas. Aquí se vive la paz.