RINCÓN DE SAN PELAYO
Lo que antaño era un pasadizo de seguro deslizamiento, por sus gastadas losas, empinada pendiente y humedad eterna, es ahora un rincón de cómodas y graníticas escaleras. Allí, sobre la monumental escalinata de la Quintana el convento de San Pelayo, en el rincón extremo de su gran paredón y en un retrasado plano, como velando que su clausura sea mínimamente hoyada, abre las puertas de su magnífica iglesia.