Se ha dormido el mar

 

Envuelto en un manto de silencio,

inerte, sin espuma, lentamente,

se ha dormido el mar.

 

Le arrulla el viento

y las estrellas le envían

su pálida luz, por si despierta,

no se asuste con tanta oscuridad.

¡Qué plenitud la de

esta soledad en compañía!

El bosque está conmigo

y en esta hora temprana de la aurora,

sólo paz es lo que me rodea.

 

Una paz infinita, tierna,

como tu mirada,

que me sigue desde tu rincón.

No puedo eludirla;

me sigue me persigue,

sin palabras, sin prisas, constante,

con ese leve acento de eternidad.

 

Un día más se obrará el prodigio

de que el sol acaricie mi rostro

y de nuevo, también,

te harás presente,

en esa silueta transparente,

que se viste de mar.