Ven

 

Ven, no tardes, tengo fría el alma.

Ven, no tardes, que me moriré.

El viento del Norte ya no me acaricia;

date mucha prisa, que te esperaré.

 

Sentada en la playa de mis pensamientos,

yo quiero contarte lo que ayer soñé:

un manto de espuma cubría mi cuerpo,

la melena al viento,

descalzos los pies;

yo iba recogiendo caracolas blancas,

perlas y luceros al amanecer.

 

Lo que no sabía es que, entre las rocas,

envuelto en silencio

me esperabas tú.

Juntos andaremos el camino blanco,

juntos seguiremos el sendero azul.

 

Ya no tengo miedo,

ya no tengo frío,

ya he visto la luz.