Palpitante presencia

A mi queridísima Ana

 

Qué profundo el dolor de tu huella,

qué suave fragancia ha dejado tu ausencia.

Es tu voz cantarina, tu perfil, tu silueta,

que como una canción

-como si fuese un eco-

al despuntar el día

cuando el alba despierta

se repite y nos canta

y en el mar se refleja.

 

Tú estás en todos los caminos

donde nazca una flor,

en el río que canta,

el lucero que brilla,

en la tarde que muere,

en la brisa y el sol.

 

Y a modo de milagro

tu presencia es tan fuerte,

que volvemos a verte

en cada amanecer.