Latidos

 

Tu ardiente corazón rompió a latir

en medio del silencio,

entre mis manos.

Qué dormidos estaban mis sentidos,

que no acerté a escuchar

su ritmo acelerado.

 

Inmóvil permanecías Tú,

sin musitar palabra

como ayer, como hoy, como siempre,

como cada mañana, esperando que mis ojos

se encuentren con los tuyos,

que llenos de ternura,

no cesan de mirarme.

 

Auméntame la fe, Señor,

auméntame el amor y la esperanza.

Hazme saber que la hora de las sombras

es también un tiempo de alabanza.