Concierto en la Quintana

 

La luna se fue a dormir

y se ha quedado un lucero

que parpadea muy cerca

de la Torre Berenguela.

 

La tarde va de caída,

la noche ya está más cerca,

las luces cierran los ojos,

se hace un profundo silencio.

 

Todo lo envuelven las sombras,

todo lo acaricia el viento,

va a comenzar el concierto

en la Quintana de Muertos.

 

De Beethoven y de Strauss

suenan las notas más bellas,

la séptima sinfonía

como yo jamás la oyera.

 

Solamente se ve, altiva,

iluminada y esbelta

a la torre del reloj,

a la Torre Berenguela.

 

Ya se oyen los violines,

el arpa y el violonchelo

y el mismo Ricardo Strauss,

conmovido, se sorprende

de que sus valses hoy dancen

en la eterna Compostela.

 

El asombro alcanza ya

a la Puerta Santa entera,

a los absortos Poetas,

a las monjas del convento

y a las almas que reposan

en la Quintana de muertos.